Estación de Canfranc, España

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Estación de Canfranc, España La estación de tren se reinventa como un hotel de lujo

Una majestuosa estación de tren, que alguna vez desempeñó un papel crucial en los Pirineos, ha sido rescatada de la ruina. Sika brindó su apoyo a los principales especialistas en la restauración de este hito protegido, transformando un punto de tránsito en un destino vibrante y lleno de vida.

La construcción de la estación de Canfranc comenzó en 1921, como parte de un sueño largamente ansiado: la creación de un centro de comunicaciones crucial entre España y Francia, atravesando las más altas cumbres. El vasto y ornamentado complejo fue diseñado para causar una fuerte impresión, a 1.195 metros sobre el nivel del mar. La estación sobrevivió a incendios, conflictos bélicos y guerras continentales, pero cerró sus puertas en 1970 tras el colapso de un puente en Francia. Sin embargo, la estación de Canfranc siempre estuvo destinada a algo más grande.

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UNA TAREA MONUMENTAL

La visión era audaz: transformar una de las estaciones de tren más históricas de Europa en un hotel de lujo, preservando tanto su integridad estructural como su monumental valor arquitectónico. El arquitecto y Director de Obra, José Miguel Sancho Marco, recuerda la magnitud de la empresa. «Hubo problemas estructurales considerables, especialmente en los cimientos del edificio y las fachadas de hormigón. Los elementos metálicos oxidados y corroídos generaban fisuras en las paredes de hormigón. Además, las modificaciones progresivas en el sistema de drenaje provocaron filtraciones de agua e inestabilidad del terreno, lo que deterioró muchos de los pilares.»

Dos características destacaban de la estación de Canfranc, también conocida como el «Titanic de las Montañas». La estructura simétrica con cúpula, que en su época fue la segunda estación de tren más grande de Europa, se extendía a lo largo de casi un cuarto de kilómetro. Asimismo, se empleó hormigón armado en lugar de la tradicional mampostería de piedra para la fachada y los pilares interiores. Este hormigón armado ayudó a absorber diversas tensiones y a prevenir un mayor deterioro en un clima tan extremo.

La condición de bien cultural protegido del edificio exigía preservar su integridad estructural y arquitectónica, tanto en el interior como en el exterior.

DESAFÍO CLIMÁTICO

Tal como explica Borja Jiménez Salado, Ingeniero de Infraestructura en Sika, tanto el clima como la ubicación geográfica tuvieron un impacto considerable en las decisiones técnicas. «Canfranc se encuentra en un angosto valle que recibe solo unas pocas horas de sol al día. Como consecuencia, las heladas invernales y el clima severo aceleraban el deterioro de la edificación.»

Esto hizo indispensable la aplicación de soluciones innovadoras capaces de operar en condiciones extremas, algunas de las cuales debían ser implementadas durante el invierno mediante técnicas especializadas. Los expertos técnicos de Sika trabajaron en estrecha colaboración con los socios del proyecto para garantizar que la estructura fuese completamente hermética y térmicamente aislada, cumpliendo con los más altos estándares de eficiencia energética.

AINUR Trabajos Verticales, un reconocido aplicador de sistemas Sika, participó desde el principio. El especialista Sergio García Domínguez recuerda los procesos utilizados para la transformación del edificio. «Reforzamos elementos clave como las vigas con fibra de carbono, resinas y otras soluciones probadas. Para proteger el complejo de la corrosión futura, aplicamos revestimientos especiales e hidrofugantes. También tuvimos que tener en cuenta las condiciones meteorológicas a la hora de restaurar los colores originales de la estación.»

Los métodos de lavado a presión ayudaron a eliminar años de deterioro antes de empezar el trabajo de precisión en las juntas. «Utilizamos cinco tipos diferentes de morteros de alto rendimiento para la reparación, impermeabilización y durabilidad del hormigón. También se aplicaron algunos para restaurar los nichos y las chimeneas».

«El edificio abandonado era básicamente una fachada dañada, un tejado y un esqueleto interior. Había que restaurarlo todo».

José Miguel Sancho Marco

Arquitecto y Director de Obra

CUIDADO CON LOS DETALLES

Las normativas sobre los bienes culturales protegidos influyeron en la renovación tanto como el clima. Cada modificación propuesta debía justificarse bajo los principios de conservación, consolidación y rehabilitación. Además, no se podía alterar el carácter original del edificio. El gobierno regional y las entidades correspondientes debían aprobar tanto los diseños iniciales como cualquier cambio durante el proceso.

Mercé Ortí Ballester, Directora del Estudio Métodos de la Restauración, comprendió las exigencias. «Cuando se restaura un edificio patrimonial, es necesario preservar su carácter histórico y, al mismo tiempo, garantizar que las actuaciones sean reversibles y respetuosas. En este caso, no podíamos alterar las fachadas, a pesar del deterioro que encontramos. Cada intrincado detalle arquitectónico y textura tenía que ser fiel al original».

El primer paso consistió en utilizar técnicas avanzadas, como espectrometría, microscopía electrónica de barrido y cromatografía, para analizar las capas originales de la fachada y los colores de los acabados interiores. A continuación, el equipo obtuvo las autorizaciones necesarias para seguir adelante con su meticuloso plan. «Recuerdo que fueron necesarios innumerables anclajes e inyecciones de mortero y resina para mantener la integridad estructural y estética del edificio. La mano de obra necesaria era casi de naturaleza quirúrgica».

Los interiores se han restaurado cuidadosamente para los huéspedes actuales, pero se han diseñado con referencias a la rica historia de la estación.

Las tecnologías y técnicas empleadas en esta restauración a gran escala ayudarán a proteger la estructura durante otros 100 años, a pesar de la dureza del clima.

UNA NUEVA ENCARNACIÓN

El Canfranc Estación, ahora un hotel de cinco estrellas operado por el Grupo Barceló, abrió sus puertas en 2023. El exterior renovado ha logrado preservar la esencia del edificio original, pero con un refinamiento contemporáneo. Cada cornisa, frontón y superficie brilla con un esplendor renovado. Las 365 ventanas del edificio resplandecen, y los antiguos vagones de tren estacionados justo a la entrada albergan ahora restaurantes aclamados, uno de los cuales ostenta una estrella Michelin. El vasto vestíbulo principal, que anteriormente solo servía como un lugar de tránsito, se ha transformado en un espacio acogedor para disfrutar de una experiencia única.

El éxito de esta colaboración público-privada es un buen augurio para la recuperación de otros edificios que aportan valor cultural y que hoy sencillamente no podrían construirse. David Muñoz, subdirector del nuevo hotel, está de acuerdo. «Tanto la comunidad local como los huéspedes del hotel han acogido con entusiasmo la restauración de la estación. Esta esmerada rehabilitación garantiza que la fascinación por Canfranc, como la propia estructura, perdurará».